Tanto el título de este ensayo como las citas utilizadas en el mismo están inspirados en la película V de Vendetta y en las experiencias y reflexiones producidas por el atentado de la Universidad de Navarra el día 30 de octubre de 2008.

“He visto con mis propios ojos el poder de las ideas. He visto a gente matar por ellas y morir por defenderlas. No se puede besar una idea, ni tocarla o cazarla; las ideas no sangran, no sufren, y tampoco aman. Pero yo no echo de menos una idea, echo de menos a un hombre”.
No es un argumento de autoridad, pero en el cine también hay filosofía. Al menos en algunas ocasiones. La verdad de esta frase es que las ideas son poderosas. Poderosas e inmortales.
Son los hombres los que mueren, las ideas nunca tuvieron vida, ¿cómo podría morir lo que nunca tuvo vida? Las ideas son, pero no son vidas. Ningún concepto tendrá jamás el valor de una vida. Y sin embargo, yo siempre he sido de esas soñadoras, de esas que afirman que morirían por una idea. Por una buena idea.
El problema viene cuando esa idea sustituye a la realidad. Las ideas no están en la realidad como tal. Están en las mentes de los hombres, en sus voluntades, pero no existe una idea como tal en la realidad. Por eso nunca ha de perderse . Somos realidad, y en ella vivimos. No se debe eludir. La sustitución de la realidad por la idea lleva al fanatismo. Hace que se pierdan las perspectivas, que se pierda la capacidad de percibir el valor y la importancia de las cosas. El valor y la importancia de una vida, por ejemplo, o de trescientas. El que puede matar por esa idea, es porque vive por y en esa idea, y no por y en la realidad.
Las ideas son poderosas, las ideas nos mueven a actuar. Pero, a la hora de la verdad, a la hora de emitir un juicio, de examinar las consecuencias de una acción, lo que importa no es la idea, es el hecho. No son las ideas las que se ven heridas por los atentados, por la violencia, son las personas. Las vidas reales.
No van a escucharnos, no están con nosotros, están con sus ideas. ¿Qué haremos nosotros si su idea es inmortal y ellos viven para ella? Aman su idea. Pero no la aman tan profundamente como ellos creen. El amor, el amor de verdad, es una fuerza ordenadora, constructiva. El amor pone en orden la vida, y es por el amor que el sacrificio adquiere sentido. El sacrificio no tiene razón de ser sin el amor, nadie da su vida por nada si no hay amor de por medio. El amor hace que valoremos algo más que la propia vida. Es por ese amor que podemos entregarnos. Antes he puntualizado, “viven por y en esa idea”, y precisamente lo he dicho así porque no viven por y para esa idea.
No entregan su vida porque no aman de verdad.