Eufemismo y mentira
Publicado por caperucitaferoz en 26/08/2009
Aunque el principio básico del lenguaje es la transmisión de la verdad, y este principio también lo es para el lenguaje periodístico y el político, lo cierto es que en el ser humano existe la tendencia natural de salvaguardar la propia imagen y los propios intereses. Como he dicho, es natural querer el bien de uno mismo, sin embargo, se produce un conflicto ético cuando ese bien se persigue por medios no adecuados o cuando la preservación de nuestro bien contribuye a la destrucción del bien de otros.
La verdad es un bien para el hombre. Todos percibimos la mentira como mala cuando somos nosotros los engañados y no deseamos serlo. Por ello, ocultar la verdad es negar el bien para los hombres. La mentira, como el eufemismo, también es un medio para enmascarar la realidad y para salvaguardar los propios intereses y la propia imagen. No puede decirse que el eufemismo sea propiamente una mentira, pero sí comparte algo con ella. El no nombrar directamente la realidad intencionalmente es una forma de ocultar. El no nombrar la realidad, el ocultarla, también es fallar a la verdad, pues la mentira por omisión no deja de ser mentira.

Sin embargo, el uso de eufemismos es, de algún modo, natural al hombre. Así, es fácil observar este uso en los niños. Nadie les ha enseñado qué es un eufemismo, ni han estudiado ninguna clase de teoría de manipulación del lenguaje, y sin embargo dirán que el jarrón “se ha roto” y no que ellos mismos “lo han roto”.
Nadie les ha instruido en la retórica, y sin embargo utilizan un mecanismo lingüístico para favorecer sus propios intereses. El deseo de evadir la culpa, la responsabilidad, es lo que lleva al niño a utilizar ese eufemismo. ¿Cómo puede el lenguaje ayudarles a borrar esa culpabilidad? Sin necesidad de ninguna clase teórica ni de ningún manual, los niños perciben la menor implicación del sujeto en una expresión que en otra. Evitan nombrarse a sí mismos en relación con aquel jarrón que “se ha roto”. La culpa parece más del jarrón que de ellos mismos.
En estos casos, los niños no suelen engañar a nadie, pero lo intentan. Y lo más curioso es que lo intentan sin pensarlo. No es su objetivo claro y primero el engañar o el manipular, pero saben que prefieren usar una expresión que otra para explicarse ante sus padres. Esta claro que aún no tienen la habilidad lingüística necesaria para convencer, pero naturalmente lo intentan. Naturalmente quieren conservar su bien y su imagen. Evitar el castigo y la responsabilidad de la acción.
Es muy curioso, cómo los niños descubren la mentira. Se asombran al principio, cuando la conocen por primera vez, pues no la comprenden. ¿Para qué querría alguien decir algo que no es verdad? Los niños comprenden, al principio, que la tarea del lenguaje es la transmisión de la verdad. Pero en seguida se mezclan los intereses. Las mentiras, los enmascaramientos, siempre son en función de otros intereses, más allá de la verdad. Pronto, los niños aprenden a mentir.
Y, al igual que no necesitan que les enseñen que mentir está mal, tampoco necesitan que les enseñen a mentir. Eso me lleva a preguntarme por la naturaleza humana: ¿Realmente, naturalmente, qué es lo que queremos? ¿Queremos la verdad? Queremos la verdad de los demás para nosotros, está claro, pues no sentimos muy mal cuando se nos intenta engañar, pero cuando somos nosotros los que hemos de decirla, en muchas ocasiones preferimos evadirla. ¿Será que lo natural es quererse a uno mismo sobre todas las cosas?
No creo que esa sea nuestra naturaleza. Pero creo que estamos en nuestro propio cuerpo, y no en el de ningún otro. Estamos en nosotros mismos, y no queremos sufrir nada. Preferimos que el jarrón, inanimado, se lleve la culpa del asunto. El jarrón no lo va a sufrir. El asumir las culpas es algo difícil, que se aprende con el tiempo y la edad. Aunque algunos no llegan a aprenderlo nunca.
Eso que hacen los niños de echarle la culpa al jarrón, no tiene tanto delito. Es cierto que el jarrón no va a sufrir, y que seguramente el niño ha tirado el jarrón accidentalmente, y para expresar esa inocencia, pues no fue algo intencionado, dice que el jarrón “se ha roto”. Sin embargo, el problema viene de la mano de esas personas que no han aprendido a asumir las culpas. A pesar de que su acción sí fue intencionada, que ya no se justifican ante su “mamá”, sino ante la humanidad.
claudio molgora escribió
en mexico existe una corriente que practican y aplican el eufemismo muy bien en un pueblo dormido, apatico y sumido en la ignorancia . la clase politica de cualquier partido cual sean sus siglas . mexico despertemos unamonos y aprendamos a exigir mejores condiciones menos mentiras y poder pedir cuentas a los malos gobernantes sin temores aprendamos de otros paises donde sus presidentes son enjuciados y destituidos por malos manejos de las riquezas de un pueblo.