Según el diccionario de la RAE, una de las acepciones del verbo reconocer es la siguiente: “Dicho de una persona: Tenerse a sí misma por lo que es en realidad en cuanto a su mérito, talento, fuerzas, recursos.”
Tras leer el texto acerca del pragmatismo, relativismo y pluralismo, quiero demostrar la necesidad del reconocimiento para alcanzar el conocimiento.
Este reconocimiento, ha de darse en varias fases y de diferentes maneras. Según la primera acepción expuesta, se descubre la primera fase y la primera necesidad del reconocimiento. Se trata de asumir, de reconocer la propia realidad y capacidad. Se debe aceptar, para vivir y para avanzar, pues siempre que se vive se avanza, ya que así es el sentido de la vida, hacia el futuro, hacia el horizonte lejano, que no somos capaces de lo universal. Errare humanum est.

Debemos aceptar nuestra naturaleza, en este caso falible, para poder vivir de acuerdo a ella. Como escribió Pritchett: “A man should not pretend to be other than he is.” El error de la filosofía analítica es pretender alcanzar la totalidad, sin error. Renunciar a la naturaleza humana, pretender evadirla. Por ello, el pragmatismo, orientado a la vida, me parece más acertado.
De hecho, observándonos a nosotros mismos, reconociéndonos (según la acepción “Examinar con cuidado algo o a alguien para enterarse de su identidad, naturaleza y circunstancias.”), descubriremos que ni siquiera nos conocemos a nosotros mismos en nuestra totalidad. Si el hombre es un microcosmos, comprenderemos así, que tampoco podemos acceder a la totalidad del mundo. Como diría Sándor Márai en los diarios previos a su muerte: “Vivimos en un mundo de secretos inexplicables pese al radiotelescopio, el espectroscopio, al bomba atómica y los tubos de ensayo. La ruta de los salmones, las aves migratorias…y ¿qué sabemos de nosotros mismos, del ser humano? La anamnesis no da respuestas.”
Una vez reconocida la propia naturaleza, el hombre no debe desanimarse. Debe mantener su deseo de conocimiento despierto y activo, al igual que su curiosidad. Pues el mundo es grande, y no poder acceder a la totalidad no es un límite tan cerrado. Podemos conocer mucho, a pesar de que no sea todo. Debemos dedicarnos a conocer ese mucho, según los medios que tenemos. La hipótesis, la prueba, el error, el volver a intentarlo. El conocimiento requiere esfuerzo. Tenacidad.
La segunda fase del reconocimiento se produce entonces. El conocimiento no es individual, como la verdad, que tampoco lo es. Aunque no estoy de acuerdo con que el pensamiento no pueda serlo. Afortunadamente, pues a menudo pensamos cosas insubstanciales o absurdas, o inadecuadas, el ser humano tiene intimidad en sus pensamientos. No es el pensamiento lo que es colectivo, sino el conocimiento y la verdad. No hay verdad si es individual. Se necesita el reconocimiento.
El lenguaje es el medio a través del cual los pensamientos individuales se comparten y se convierten en pensamientos comunitarios. Podemos decidir qué pensamientos compartimos y cuáles no. Pero siempre que queramos descubrir una verdad, saber si estamos en lo cierto o no, compartiremos el pensamiento en cuestión. No hay conocimiento real sin reconocimiento. Según la tercera acepción, reconocer es admitir y manifestar que es cierto lo que otra dice o que está de acuerdo con ello. Lo que es verdad sólo para uno no es verdad todavía, necesita ser una verdad reconocida. Por ello el relativismo no alcanza verdades, porque omiten el reconocimiento, y la verdad permanece individual, sin ser verdad aún. Dormida, a un paso de ser descubierta.
El conocimiento, así, es comunitario. Al igual que lo es el hombre, y precisamente porque es del hombre. ¿Por qué el hombre no alcanza la totalidad de sí mismo? ¿Por qué no lo sabe todo de sí y de su intimidad? Porque no puede conocerse solo. Necesita ser reconocido para saber quién es. Sabemos unas cuantas cosas de nosotros mismos, pero somos miopes, y necesitamos que otros ojos nos digan qué pueden ver de nosotros. El conocimiento es una tarea que requiere interés, tiempo, y como he dicho antes, esfuerzo. Por ello el conocimiento es un acto de amor. Se conoce lo que se quiere, y lo que se quiere conocer. Así, necesitamos ser amados para saber quiénes somos en nuestra totalidad.
En definitiva, creo que el pragmatismo necesita también de ese reconocimiento. Para que el nombre del pragmatismo ya no sea lo peor del pragmatismo. El hombre debe aceptar su naturaleza. Y estamos hechos para vivir. Para vivir y aceptar la muerte. Y la vida no es teórica. La vida es un acto.